Olvidé escribir
la gloria de las gallardas batallas
la entrega de los peones del campo
el fracaso de la libertad proyectada
Como la fútil noche de la bailarina
así perdió mi memoria la decencia
dentro de una cama almidonada
con sábanas manchadas por el sol
Un lento efluvio insistente
se apoderó de los recuerdos más deseados
los cortó, los mutiló, los destrozó
los abortó como una declaración de guerra.
Es olvido lo que me ataca,
es olvido el escribir,
es olvido quien se es,
es olvido ese futuro de quimeras
y el herrero que lo habría de forjar.
(cheun rume) |
20111113
20111111
20111031
La trucha y el sapo.
a propósito de
éxodo
Poco después de quel caballo hubo de darse la vuelta para seguir pastando, un sapo saltó de entre las matas.
"¡Hola trucha!"- dijo con soltura. - "Escuché tu conversación con el caballo. ¿Me dejas nadar un rato a tu lado?"
Y sin dar espacio para respuestas, rápidamente se zambulló en las frías aguas cordilleranas y se puso a nadar palmo a palmo con la trucha.
La trucha continuó con su esforzada tarea sin reparar mayormente en la vívida elocuencia del anfibio:
"De donde yo vengo, Trucha, las gentes tienen las cosas claras. Como tú Trucha, que nadas sin cesar contra la tormeta, así se levantan también mis hermanos contra la injusticia. Así nosotros, que nadamos tanto como caminamos, hemos logrado formar nuestro país próspero y confiable. Créeme cuanto te digo Trucha, pues nosotros no vivimos en vano. Donde quiera que vamos con nuestro mensaje, los más diversos animales nos siguen y nos rinden tributo. No son pocos quienes quisieren ser como nosotros. Nosotros, los administradores de la riqueza, los ejecutores de la bondad, los generales de equidad."
"Nos han seguido desde todos los riachuelos de este valle. A muchos les hemos enseñado a caminar a nuestra usanza y semejanza. Y créeme que muchos peces han abandonado las aguas de su identidad, para andar con nosotros en las calmas llanuras de la abundancia. Muchos han dejado el sufrimiento diáfano ante la promesa mancomunada del bienestar."
La trucha comenzaba ya a molestarse con la voz aguda y arrogante del sapo, pero prefirió no emitir juicio y concentrarse en la caza de su alimento.
"Es así Trucha, como hemos logrado influir, qué digo influir, ¡dominar! los distintos cauces de este país. De a poco hemos ido entregando a nuestros seguidores los mayores beneficios. Les hemos dado una razón de ser, una identidad, una característica única. Todos ellos, créelo porque es verdad lo que te digo, han logrado nadar con la presteza del más ágil escualo. Nunca ha habido uno que, viniendo a nosotros, haya dejado de ser parte de esta entelequia multicolor que nos reune. Pues todos somos uno, en nuestra exquisita grandeza."
En eso la trucha, finalmente, cazó un despistado zancudo que era arrastrado por las aguas. El sapo, sin embargo, no se dejó amedrentar por la indiferencia del pez, sino que tomó todavía más fuerzas para seguir vociferando:
"En nuestra tierra, abundan los insectos y el alimento. Abunda la abundancia y escasea la escasez. Y en nuestra tierra..."
¡Zap! La trucha cazaba ahora una libélula multicolor.
¡Zap! Una mantis religiosa.
Dando un salto por sobre las aguas, la trucha atrapaba al vuelo una polilla de la noche que anunciaba.
El sapo entonces, con su repugnante aspecto y su grotesca forma andrógina, prefirió saltar del riachuelo fértil que habitaba la trucha, para seguir su búsqueda de incautos.
"¡Hola trucha!"- dijo con soltura. - "Escuché tu conversación con el caballo. ¿Me dejas nadar un rato a tu lado?"
Y sin dar espacio para respuestas, rápidamente se zambulló en las frías aguas cordilleranas y se puso a nadar palmo a palmo con la trucha.
La trucha continuó con su esforzada tarea sin reparar mayormente en la vívida elocuencia del anfibio:
"De donde yo vengo, Trucha, las gentes tienen las cosas claras. Como tú Trucha, que nadas sin cesar contra la tormeta, así se levantan también mis hermanos contra la injusticia. Así nosotros, que nadamos tanto como caminamos, hemos logrado formar nuestro país próspero y confiable. Créeme cuanto te digo Trucha, pues nosotros no vivimos en vano. Donde quiera que vamos con nuestro mensaje, los más diversos animales nos siguen y nos rinden tributo. No son pocos quienes quisieren ser como nosotros. Nosotros, los administradores de la riqueza, los ejecutores de la bondad, los generales de equidad."
"Nos han seguido desde todos los riachuelos de este valle. A muchos les hemos enseñado a caminar a nuestra usanza y semejanza. Y créeme que muchos peces han abandonado las aguas de su identidad, para andar con nosotros en las calmas llanuras de la abundancia. Muchos han dejado el sufrimiento diáfano ante la promesa mancomunada del bienestar."
La trucha comenzaba ya a molestarse con la voz aguda y arrogante del sapo, pero prefirió no emitir juicio y concentrarse en la caza de su alimento.
"Es así Trucha, como hemos logrado influir, qué digo influir, ¡dominar! los distintos cauces de este país. De a poco hemos ido entregando a nuestros seguidores los mayores beneficios. Les hemos dado una razón de ser, una identidad, una característica única. Todos ellos, créelo porque es verdad lo que te digo, han logrado nadar con la presteza del más ágil escualo. Nunca ha habido uno que, viniendo a nosotros, haya dejado de ser parte de esta entelequia multicolor que nos reune. Pues todos somos uno, en nuestra exquisita grandeza."
En eso la trucha, finalmente, cazó un despistado zancudo que era arrastrado por las aguas. El sapo, sin embargo, no se dejó amedrentar por la indiferencia del pez, sino que tomó todavía más fuerzas para seguir vociferando:
"En nuestra tierra, abundan los insectos y el alimento. Abunda la abundancia y escasea la escasez. Y en nuestra tierra..."
¡Zap! La trucha cazaba ahora una libélula multicolor.
¡Zap! Una mantis religiosa.
Dando un salto por sobre las aguas, la trucha atrapaba al vuelo una polilla de la noche que anunciaba.
El sapo entonces, con su repugnante aspecto y su grotesca forma andrógina, prefirió saltar del riachuelo fértil que habitaba la trucha, para seguir su búsqueda de incautos.
x
nwm
a las
18:35:00
20110908
1550
a propósito de
oh darling
Cual Magallanes entre los fiordos
sobre las olas blancas,
cual Darwin, Drake y Vasco da Gama
sobre el mar voluptuoso;
Como el salvaje de Orellana
por las aguas ignotas
¡por las caudalosas aguas claras!
del fértil Amazonas;
Como frágil esquife, esclavo
de las formas marianas,
intruso de las curvas soñadas
del reino conquistado;
Como quien sacrifica la muerte
así me adentro en ti
virginal sucesora de Ceres,
estatua de marfil
sobre las olas blancas,
cual Darwin, Drake y Vasco da Gama
sobre el mar voluptuoso;
Como el salvaje de Orellana
por las aguas ignotas
¡por las caudalosas aguas claras!
del fértil Amazonas;
Como frágil esquife, esclavo
de las formas marianas,
intruso de las curvas soñadas
del reino conquistado;
Como quien sacrifica la muerte
así me adentro en ti
virginal sucesora de Ceres,
estatua de marfil
x
nwm
a las
19:48:00
20110815
Horacio en Cama
a propósito de
resaca
"Lentamente he ido perdiendo la coherencia en mis ideas." Se decía Horacio bajo la luz penetrante de su ampolleta. "Deben ser estos rayos incandescentes que penetran mi cerebro como aguerridas lanzas."
"¿Qué fue lo que concluí ayer? ¿Acaso manifesté mi decepción con esta especie de simios parlantes? Estoy en efecto decepcionado. Pero no fue eso lo que iba pensando ayer. Mientras avanzaba por la Diagonal. Siempre por la misma calle, bajo esos pórticos macizos, lleno mi cabeza de estas palabras. Se me olvidan apenas pongo un pie en la casa. Pero en ese momento, mientras hablo solo como un loco, concluyo las más profundas calamidades. ¿Qué será aquello que inundaba mi mente ayer?"
Horacio yacía inmóvil sobre su cama. Estas reflexiones que le venían a la cabeza, incoherentes a ratos, eran quizás un simple delirio. El frío de la tarde que penetraba en su cuerpo, le hacía temblar, le revolvía las entrañas y lo obligaba a correr al baño cada cierto tiempo. No podía ya soportar este frío intenso que lo quemaba desde dentro. Nunca tuvo gran éxito en infundirse ese valeroso optimismo de sacar la faceta cálida y alegre de su personalidad y, en consiguiente, se lo pasaba temblando desnudo sobre su cama durante largas tardes de invierno. Y mientras lo hacía pensaba:
"¡Luchar! Luchar dicen estos pajaritos. Luchar implica tener un enemigo contra el cual pelear. E implica también otra cosa. Violencia. La lucha es la violenta imposición al enemigo. ¿Cómo piden que luchemos? ¿Qué quieren estos con su lucha? ¡Luchar! Como si no tuviera suficiente con soportarlos. Como si no tuviera suficiente con sobreponerme a la noche y sus inclemencias. ¿Quieren que busquemos enemigos? ¿Que los matemos a pedradas si es necesario?
"Desnaturalizaron la palabra, le quitaron el objeto, la volvieron ambigua y oscura. Luchar contra la injusticia, contra la desigualdad, ¡por la libertad! Definieron como cristianos su posición arbitraria, su moral conveniente, su absoluta identificación del bien y el mal, e impusieron este modelo simplista en las mentes de estos jóvenes simplones. ¡Luchar! La despojaron con artimañas de su verdadero significado y la grabaron en piedra como en las sagradas escrituras. ¿Y hoy quieren que luchemos? ¿Contra quién, por quién, para qué?
"Estos no quieren la libertad ni la igualdad, estos quieren imponer su libertad y destruir nuestra igualdad. ¡Estos desgraciados quieren gobernar! Y a boca de jarro."
"¿Cómo no perder toda esperanza en esta raza de perros rastreros? Cobardes hasta la médula. Educados en la inconsciencia. No pueden construir futuro si jamás han construido su pasado. ¡Ha construir pasado! Quel futuro no vendrá sino hasta mañana."
¿Pasado? Horacio sobre su cama gritaba estas razones de manera desesperada. El temblor de su quijada y la dicción desprolija dificultaban entender a qué se refería con exactitud. Su boca se llenaba de espuma mientras su cuerpo se retorcía de dolor.
En un arrebato de náusea, la bilis amarilla escurrió por su garganta y fue a inundar las delgadas sábanas. Horacio de esta forma cerraba su contrato con la locura. Horacio así veía la verdad de los hombres y el asco le hacía escupir su sangre.
"¿Qué fue lo que concluí ayer? ¿Acaso manifesté mi decepción con esta especie de simios parlantes? Estoy en efecto decepcionado. Pero no fue eso lo que iba pensando ayer. Mientras avanzaba por la Diagonal. Siempre por la misma calle, bajo esos pórticos macizos, lleno mi cabeza de estas palabras. Se me olvidan apenas pongo un pie en la casa. Pero en ese momento, mientras hablo solo como un loco, concluyo las más profundas calamidades. ¿Qué será aquello que inundaba mi mente ayer?"
Horacio yacía inmóvil sobre su cama. Estas reflexiones que le venían a la cabeza, incoherentes a ratos, eran quizás un simple delirio. El frío de la tarde que penetraba en su cuerpo, le hacía temblar, le revolvía las entrañas y lo obligaba a correr al baño cada cierto tiempo. No podía ya soportar este frío intenso que lo quemaba desde dentro. Nunca tuvo gran éxito en infundirse ese valeroso optimismo de sacar la faceta cálida y alegre de su personalidad y, en consiguiente, se lo pasaba temblando desnudo sobre su cama durante largas tardes de invierno. Y mientras lo hacía pensaba:
"¡Luchar! Luchar dicen estos pajaritos. Luchar implica tener un enemigo contra el cual pelear. E implica también otra cosa. Violencia. La lucha es la violenta imposición al enemigo. ¿Cómo piden que luchemos? ¿Qué quieren estos con su lucha? ¡Luchar! Como si no tuviera suficiente con soportarlos. Como si no tuviera suficiente con sobreponerme a la noche y sus inclemencias. ¿Quieren que busquemos enemigos? ¿Que los matemos a pedradas si es necesario?
"Desnaturalizaron la palabra, le quitaron el objeto, la volvieron ambigua y oscura. Luchar contra la injusticia, contra la desigualdad, ¡por la libertad! Definieron como cristianos su posición arbitraria, su moral conveniente, su absoluta identificación del bien y el mal, e impusieron este modelo simplista en las mentes de estos jóvenes simplones. ¡Luchar! La despojaron con artimañas de su verdadero significado y la grabaron en piedra como en las sagradas escrituras. ¿Y hoy quieren que luchemos? ¿Contra quién, por quién, para qué?
"Estos no quieren la libertad ni la igualdad, estos quieren imponer su libertad y destruir nuestra igualdad. ¡Estos desgraciados quieren gobernar! Y a boca de jarro."
"¿Cómo no perder toda esperanza en esta raza de perros rastreros? Cobardes hasta la médula. Educados en la inconsciencia. No pueden construir futuro si jamás han construido su pasado. ¡Ha construir pasado! Quel futuro no vendrá sino hasta mañana."
¿Pasado? Horacio sobre su cama gritaba estas razones de manera desesperada. El temblor de su quijada y la dicción desprolija dificultaban entender a qué se refería con exactitud. Su boca se llenaba de espuma mientras su cuerpo se retorcía de dolor.
En un arrebato de náusea, la bilis amarilla escurrió por su garganta y fue a inundar las delgadas sábanas. Horacio de esta forma cerraba su contrato con la locura. Horacio así veía la verdad de los hombres y el asco le hacía escupir su sangre.
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nwm
a las
9:23:00
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